Centro Ambulatorio de Rehabilitación en Adicciones  Terapia Individual y Grupal  Atención de profesionales  Talleres Asociación Civil Regreso a Casa San Luis Capital Cel.: 2664323950 Tel.: 4441473 E-mail: regresoacasa07@gmail.com www.regresocasa@blogspot.com facebook: regreso a casa
Mostrando entradas con la etiqueta filosofia de regreso a casa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta filosofia de regreso a casa. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de marzo de 2013

ECOGER MI VIDA III


La vida prefabricada
 El proceso  vital, si sigue un desarrollo normal, procede de la vida  prefabricada al bricolage personal. De la vida diseñada desde fuera a la creatividad personal que va dejando la huella cada vez más honda de la individualidad única, irrepetible e insustituible que somos. La vida se nos da escogida; no sólo genéticamente orientada, sino a veces directa y explícitamente prefabricada. En psicología, los ecos de Watson y Skinner, «fabricadores de vidas y conductas vitales», tienen todavía una impronta demasiado intensa, sobre todo en la psicología oficial académica.  Se encarga un niño, y al nacer se le encarrila en una «vida», se le programa una educación, se le orienta estrechamente hacia determinadas metas, se le amaestra para que responda
adecuadamente a la cultura, y se le premia o castiga en función de los valores de los que orientan su vida. No es que todo esto esté mal. Se trata de un andamiaje provisionalmente necesario o, sencillamente, útil, que ayudará  en los primeros pasos del niño o en el acontecimiento  adolescente. Tal vez, como ocurre en más de la mitad de la humanidad, desde otra perspectiva tercermundista al niño que nace se le condena a sobrevivir en una marginación que  otros le han fabricado con los desperdicios de su bienestar.  Se le condena a vivir una vida que otros han tirado al basurero.





Quién decide «mi» vida?  

CONSUMO/PUBLICIDAD
 No sólo hablamos de una cierta  dirección genética o del aprendizaje familiar o social. Nuestra  vida está programada desde muchas instancias que van,  desde lo económico,  a lo más sutilmente cultural.  Nuestra vida  está decidida desde el mercado; la sociedad de consumo  quiere saber, no quiénes somos, sino qué vamos a consumir,  el dinero de que vamos a disponer, y nos va a motivar y  programar en ese sentido;  al final sólo seré un consumidor  cuantificable, numéricamente identificable. Desde la política  de intereses partidistas, soy y seré un elector, y probablemente sólo interesaré como elector (en caso, claro está, de democracia; en el resto de la humanidad manipulada y oprimida por dictaduras, seré mano de obra barata o excedente humano inservible).
La publicidad, al condensar conductas y teledirigirlas, decide qué intereses voy a tener, hacia dónde voy a dirigir  mis gustos. De la misma manera que la moda decide cómo voy a vestir, la cultura decide cómo voy a pensar, valorar,  aprender a esquivar la vida. La subcultura grupal, familiar, el apellido o el estatus van a decidir casi todo el resto.
Verdaderamente, queda muy poco a la libertad del individuo; queda poco donde escoger.
La empresa, las instituciones de diferentes tipos, la religión, con su moral, tienen -es verdad- una palabra que  decir, pero al ideologizarse pueden suplantar mi responsabilidad vital en función de intereses respetables, pero no del todo respetuosos de la libertad del individuo.
Los roles sociales tienen también un peso importantísimo en la planificación de mi vida. Es cierto que para funcionar ágilmente en grupo, en sociedad, necesitamos roles, pero a veces el consenso social que los normativiza se me impone férreamente. Con el fin de hacernos previsibles, de darnos una existencia sin sobresaltos, se nos restan las posibilidades de creatividad personal, se nos dificulta el ser personas dentro de esos roles, rostros detrás de esas máscaras.
La familia también nos maneja para evitar que nos manipulen, pero la dependencia aprendida en la familia de una manera estricta producirá más tarde los frutos no deseables de acomodación y dependencia que nos permiten cambiar de amo, pero no ser verdaderamente libres. El hombre, la mujer, dimite de su vida diluyéndose en una sociedad enferma. Dejándose llevar por las diferentes corrientes que nos deciden desde fuera, incluso bajo el pretexto de hacernos un bien.
Preguntarse por quién decide mi vida es interrogarse por el locus of control. En la respuesta, forzosamente compleja, no podemos pasar por alto las fuerzas que influyen en mi decisión o decisiones desde eso que llamamos inconsciente.
La tarea de construir un yo, tarea para toda la vida y de toda vida, es la extensión de la consciencia. Rescatar lo que soy y quiero eficazmente ser desde mi realidad nebulosa. La consciencia me permite escoger. Me permitirá ser quien soy, ser quien quiero ser.
Esta tarea conlleva un diálogo con la realidad. Mi vida no es un acontecimiento individual, aislado, interior, sino una encrucijada social, un diálogo con la realidad: un barullo y un silencio.
Las amenazas contra la libre elección de mi propia vida, entre otras muchas, son el autoritarismo y la permisividad. El autoritarismo es la eficacia invasora de un poder decisorio que me manipula desde fuera. La permisividad, el «laissez- faire», me hurta modelos de referencia que necesito para poder escoger y me abandona al zarandeo de todo viento cambiante. El autoritarismo me suplanta; es el otro quien, decidiendo en mí, me señala quién debo ser. La permisividad total me desorienta, disfrazada de confianza en mis propios recursos. El autoritarismo me mete en el molde de su retrato-robot; la permisividad me dice que no importa quién sea, que da lo mismo ser uno u otro. En los dos casos, no tengo yo el timón de mi propia vida.
Se trata, como vemos, de un difícil equilibrio: a quién o a qué doy poder para decidir mi vida. La respuesta sana sería: «admitiendo muchas fuerzas que me influyen, reservarme el campo de la decisión a mí mismo. No se trata de decidir ni con dependencias que me suplantan ni con contra-dependencias  que me permiten sólo elegir aquello que agrede al poder o a la autoridad en mi vida». Es verdad que existen muchas fuerzas -no hay campos neutrales y benevolentes- personales, institucionales, pero la capacidad de decidir, de escoger mi propia vida, debería madurar en mí a través de recursos personales, ayudado por una educación sana. La dificultad está muchas veces en decidir «en contra» de personas significativas. Nos atenaza el miedo a la libertad, el miedo a frustrar las expectativas de esas personas o la desconfianza en nosotros mismos, que no nos permite  aventuramos en proyectos de vida distintos de los que esas personas significativas piensan para nosotros.




viernes, 30 de noviembre de 2012

Escoger mi vida II

FILOSOFIA  DE  REGRESO A CASA





El arte de escoger la vida La vida es proyecto, tarea, llamada y don. Escoger «mi» vida supone elegir a qué o a quién quiero dar mi vida. Implica, primero, que mi vida es mía y, segundo, que puedo darla, perderla, sólo si es mía; y al darla me doy, me pierdo y, tal vez  gozosamente, me encuentro.
Escoger mi vida es difícil. Primero hay que acoger la vida, asumir la vida; segundo, identificar la autenticidad de «mi» vida. La necesidad de identificación racional y afectiva exige diálogo, confrontación, comunicación y soledad. Escoger mi vida exige decir Sí y NO. Decidirse a habitar la propia vida es escoger el camino de ser feliz sabiendo que por la vida pasa el dolor y el gozo, y que no puedo huir de mi propia vida cuando aparece el fantasma del dolor, ni puedo alienarme en
el supuesto gozo. No es fácil saber gozar ni saber sufrir viviendo en coherencia y en fidelidad a uno mismo y a las causas a las que he entregado mi vida. Escoger mi vida es un imperativo de la persona madura, pero sabiendo que es relativo a tiempos, crisis, momentos; es importante saber desdramatizar. Elegir sin grandilocuencias que desfigurarían la verdadera talla de mi vida, importante pero no absoluta.
Escoger es el prólogo de una existencia auténtica; pero por elegir no me voy a convertir en el ombligo del mundo. La obsesión autorrealizadora muchas veces me lleva a erigir un monumento a mi propio yo, y entonces, más que escoger mi vida, estoy escogiéndome a mí, aun a riesgo de no vivir ni vivirme.
El perfeccionanismo es una incapacidad de elegir. Es verdad que en la cultura actual tenemos tan inmensa pluralidad de modelos que dificultan una coherente elección.
Pero, al mismo tiempo que la dificultan, la posibilitan como libre. Es decir, la pluralidad de modelos hace difícil el acto de escoger, pero me garantiza que la elección será exactamente, o lo más aproximadamente posible, lo que yo quiero para mí.
Es más fácil comprar en la tienda del pequeño pueblo que en el gran almacén de la ciudad; y, sin embargo, aunque sea más fácil elegir, no por eso es más fácil acertar. Escoger mi  vida es escoger las conductas, la acción que más autenticidad acarree en el diálogo con la realidad, en un diálogo que me dará información sobre mis capacidades, motivaciones, valores. Escoger la acción a sabiendas de que soy más grande que mi acción, que mi vida no cabe en mis hechos aunque se exprese a través de ellos.

Educar




No educas cuando impones tus convicciones, sino cuando suscitas convicciones personales.
No educas cuando impones conductas, sino cuando propones valores que motivan.
No educas cuando impones caminos, sino cuando enseñas a caminar.
No educas cuando impones el sometimiento, sino cuando despiertas el coraje de ser libres.
No educas cuando impones tus ideas, sino cuando fomentas la capacidad de pensar por cuenta propia.
No educas cuando impones el terror que aísla, sino cuando liberas el amor que acerca y comunica.
No educas cuando impones tu autoridad, sino cuando cultivas la autonomía del otro.
No educas cuando impones la uniformidad que adocena, sino cuando respetas la originalidad que diferencia.
No educas cuando impones la verdad, sino cuando enseñas a buscarla honestamente.
No educas cuando impones un castigo, sino cuando ayudas a aceptar una sanción.
No educas cuando impones disciplina, sino cuando formas personas responsables.
No educas cuando impones autoritariamente el respeto, sino cuando lo ganas con tu autoridad de persona respetable.
No educas cuando impones el miedo que paraliza, sino cuando logras la admiración que estimula.
No educas cuando impones información a la memoria, sino cuando muestras el sentido de la vida.
No educas cuando impones a Dios, sino cuando lo haces presente con tu vida.

EDUCAR   ES   DESPERTAR   PERSONAS
                                                                       Rene J. Trossero.

domingo, 6 de junio de 2010

ESCOGER «MI» VIDA

El arte de escoger la vida

La vida es proyecto, tarea, llamada y don. Escoger «mi» vida supone elegir a qué o a quién quiero dar mi vida. Implica, primero, que mi vida es mía y, segundo, que puedo darla, perderla, sólo si es mía; y al darla me doy, me pierdo y, tal vez gozosamente, me encuentro.

Escoger mi vida es difícil. Primero hay que acoger la vida, asumir la vida; segundo, identificar la autenticidad de «mi» vida. La necesidad de identificación racional y afectiva exige diálogo, confrontación, comunicación y soledad. Escoger mi vida exige decir Sí y NO. Decidirse a habitar la propia vida es escoger el camino de ser feliz sabiendo que por la vida pasa el dolor y el gozo, y que no puedo huir de mi propia vida cuando aparece el fantasma del dolor, ni puedo alienarme en

el supuesto gozo. No es fácil saber gozar ni saber sufrir viviendo en coherencia y en fidelidad a uno mismo y a las causas a las que he entregado mi vida. Escoger mi vida es un imperativo de la persona madura, pero sabiendo que es relativo a tiempos, crisis, momentos; es importante saber desdramatizar. Elegir sin grandilocuencias que desfigurarían la verdadera talla de mi vida, importante pero no absoluta.

Escoger es el prólogo de una existencia auténtica; pero por elegir no me voy a convertir en el ombligo del mundo. La obsesión autorrealizadora muchas veces me lleva a erigir un monumento a mi propio yo, y entonces, más que escoger mi vida, estoy escogiéndome a mí, aun a riesgo de no vivir ni vivirme.

El perfeccionanismo es una incapacidad de elegir. Es verdad que en la cultura actual tenemos tan inmensa pluralidad de modelos que dificultan una coherente elección.

Pero, al mismo tiempo que la dificultan, la posibilitan como libre. Es decir, la pluralidad de modelos hace difícil el acto de escoger, pero me garantiza que la elección será exactamente, o lo más aproximadamente posible, lo que yo quiero para mí.

Es más fácil comprar en la tienda del pequeño pueblo que en el gran almacén de la ciudad; y, sin embargo, aunque sea más fácil elegir, no por eso es más fácil acertar. Escoger mi vida es escoger las conductas, la acción que más autenticidad acarree en el diálogo con la realidad, en un diálogo que me dará información sobre mis capacidades, motivaciones, valores. Escoger la acción a sabiendas de que soy más grande que mi acción, que mi vida no cabe en mis hechos aunque se exprese a través de ellos.



por José A. GARCIA-MONGE

Psicólogo

Profesor de Teología en la Universidad Comillas. Madrid.

martes, 15 de diciembre de 2009

Salud y Creatividad


     La atención integral de los pacientes tiene un objetivo principal que es efectuar acciones dirigidas a promover el desarrollo humano de los mismos.

Promover la creatividad de actividades individuales y grupales deviene una de las tareas importantes que deben realizar los programas de recuperacion de drogodependientes, tanto en actividades intramurales como extramurales con los pacientes. De este modo estaremos contribuyendo a un desarrollo psicosocial, al mejoramiento de la autoestima y darles instrumentos para mejor desenvolverse en la vida.
La creatividad a estado en todas las personas y grupos que han salido salir de grandes crisis, desarrollando la posibilidad de cambiar , aprendiendo la adaptación, generando recursos que fortalecen, descubriendo estrategias reparadoras para si y los demás, proyectandose en el tiempo que le toca vivir y despertando la conciencia de esperanza respecto del presente y del futuro.

El poder de la creatividad está dado por su condición de crear orden, alegria y belleza a partir del caos y el desorden.
En Regreso a Casa apostamos a la creatividad como uno de los factores fundamentales que el paciente dispone para transformar su vida.
Por eso es que disponemos del equipo terapéutico necesario para brindar los recursos necesesarios, entre ellos gimnasia armonizadora, teatro y talleres de expresión.