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domingo, 4 de mayo de 2014

La depresión en los hombres, una epidemia encubierta.

Las diferencias sexuales han sido reemplazadas por las diferencias de género. Se dice que la mujer tiende a la pasividad a la dependencia y que tiende menos a manifestar la agresión. Se dice eso mientras hay una fuerte tendencia cultural, sobre todo en los países sajones, a considerar que entre hombres y mujeres las diferencias son pequeñas y que recordarlas equivale casi a crearlas, lo que sería una restauración del machismo.
Estudios confiables informan que las mujeres consultan más por depresión, lo que no implica que sean más propensas que el varón a la depresión.Los hombres disfrazan su depresión con el alcohol y el uso de otras drogas.
Algunos pensadores del primer mundo y la “opinión ilustrada” no ven con buenos ojos encontrar diferencias entre varones y mujeres, como si el encontrarlas implicara su naturalización. Mientras tanto las empresas publicitarias, también del primer mundo, buscan qué autos o perfumes ofrecen, respectivamente, a hombres y mujeres. Como dijo aquella feminista, ¡Viva la diferencia!
Las investigaciones sobre los géneros se preguntan por las condiciones de producción socio-históricas de la subjetividad. Lo que se debe ser y tener va cambiando. ¿Cómo? El género no es universal sino propio de determinada cultura.
Las mujeres conservan la tendencia a esperar de otros significativos una confirmación de su valor que, en muchos casos, no puede compensarse mediante los logros laborales y profesionales. Éstas son cicatrices históricas en la construcción del género.
Se decía que los hombres no lloran. Se decía que los hombres sienten poco y expresan aún menos. Se decía que los hombres hablan poco de sus intimidades y que evitan mostrarse vulnerables. ¿Se seguirá diciendo?
Pocas veces el varón expresa la alteración del estado de ánimo a través de síntomas psíquicos como la tristeza, la labilidad emocional o la ideación depresiva. Por eso la depresión masculina puede pasar inadvertida cuando el profesional –médico, psiquiatra o psicólogo- no advierte que la depresión se está manifestando como fatiga, astenia, dolores musculares, cefaleas, insomnio, pérdida de peso. Incapaces de verbalizar las emociones propias sólo mencionan los síntomas físicos de su malestar. Mas que tristeza predomina la irritabilidad. Algunos ocultan el vacío interior con el ruido de la violencia, el consumo de drogas o la adicción al trabajo. Todo ello contribuye a la dificultad para detectar la depresión. Si se consideraran la irritabilidad, la violencia y el abuso de sustancias muchos más hombres serían diagnosticados como deprimidos.
Se decía que los hombres
hablan poco de sus intimidades y que evitan mostrarse vulnerables. ¿Se seguirá diciendo?
Se advierten disminución de energía e interés, sentimientos de culpa, dificultades de concentración, pérdida de apetito y pensamientos de muerte o suicidio. Están agobiados en busca de estímulo. Están ansiosos en busca de calma. Están insomnes en busca de sueño. El agobio se expresa en la temporalidad (“no tengo futuro”), en la motivación (“no tengo fuerzas”) y en la propia estimación (“no valgo nada”). Se sienten abrumados por cierta desesperanza que les impide contar con la energía necesaria para formular nuevos proyectos.
Cada año, 6.000.000 de varones estadounidenses escucharán el diagnóstico de depresión. Son también millones los que sufren en silencio, sin diagnóstico o con diagnóstico equivocado, o los que teniéndolo se rehúsan al tratamiento, tal vez porque “los hombres no lloran”.
El alcoholismo y las adicciones, sin ser exclusivos de la depresión masculina, a veces se suman a ella, como la otra cara del vacío depresivo. (Y ya sabemos que también pueden ser adictivos el trabajo, los juegos de azar, etc.) Depresión y adicción forman un círculo vicioso. Se busca la euforia artificial para escapar de la apatía depresiva, pero el alivio es pasajero. El daño, en cambio, es duradero y acentúa el sentimiento de culpa o de inferioridad.
Adicto es el que no puede prescindir de un objeto (droga) o de un dogma (político) o de una persona (en el amor) o de una actividad (trabajo, juegos de azar).
La depresión masculina
se enmascara y ese enmascaramiento es costosísimo.
Tomemos como ejemplo la adicción al alcohol. El alcohol ayuda a escapar de la visión crítica que tenemos de nosotros mismos. Cuánto más negativa es la mirada sobre uno mismo, más se intenta eludir ese sentimiento mediante el consumo de sustancias. El alcohol es un desinhibidor que facilita el paso a la acción, pero sus efectos depresógenos son múltiples: biológico (perturbación de los neurotransmisores vinculada a la dependencia física), sociales (verguenza y rechazo social) y psicológicos (alteración de la autoestima). En cualquier caso, la autoestima del paciente alcohólico es muy inestable. Su discurso oscila de la negación a la desesperación. Ninguna de esas actitudes es eficaz para salir adelante.
Ciertos conflictos conyugales y familiares, el ausentismo laboral, el bajo rendimiento escolar, el aislamiento social y la falta de motivación pueden ser también depresiones enmascaradas. Un predominio mayor de depresiones somatizadas se produce en personas que tienden a la negación, la hiperactividad y cierto control omnipotente del entorno.
La depresión masculina se enmascara y ese enmascaramiento es costosísimo. La depresión (y sólo para mencionar un ejemplo) está asociada a enfermedad coronaria e infartos cardíacos y cerebrales, padecimientos que afectan a los hombres con mayor frecuencia y a una edad más temprana que a las mujeres. Los hombres con depresión y enfermedad cardíaca tienen dos o tres veces más probabilidades de morir que los hombres con enfermedad cardíaca sin depresión. En los últimos 40 años, la tasa de suicidio entre hombres ha sido cuatro veces superior a la de mujeres.
Los varones son criados en nuestra sociedad para ser exitosos restringiendo la expresión de emociones. Deben controlarse y son forzados a expresarse a través de la agresión. Ser “fuerte” significa soportar dolor físico y psíquico desvalorizando los afectos (en particular la tristeza). Los varones sobrellevan los duelos de una manera diferente a las mujeres. “Ser fuertes” es encarar la adversidad sin demostrar emociones (señal de debilidad).
La depresión y sus manifestaciones serán una oportunidad para lograr entre todos un nuevo modelo social de masculinidad en que sea posible la expresión de afecto y ternura.

martes, 15 de abril de 2014

El aislamiento social podría propiciar las adicciones

Por naturaleza, somos seres sociales. Evidentemente hay cierto número de individuos que se escapa de este esquema, pero la gran mayoría podemos afirmar con rotundidad que necesitamos el contacto y la conversación con los demás, de una forma u otra. La duda aquí es, ¿qué consecuencias tiene el aislamiento social total? Pues, al menos en ratas, provoca que se vuelvan adictas a las drogas.
Esto es lo que han detectado unos investigadores de la Universidad de Texas, en Austin (EE.UU.). Según dichos científicos, las ratas que están aisladas socialmente durante su adolescencia son más vulnerables a ser adictas a anfetaminas y alcohol, y su adicción a las anfetaminas es más difícil de superar si siguen aisladas socialmente. Esta investigación se ha publicado hace unos días en la revista Neuron, donde además se describe la persistencia de los efectos del aislamiento aunque las ratas vuelvan a ser reintroducidas en la comunidad.
Como dice Hitoshi Morikawa, profesor de neurobiologia de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Texas:
“Básicamente, los animales se vuelven más manipulables. Son más sensibles a la recompensa, y una vez condicionados es más complicado corregirlos. Hemos observado estos efectos tanto a nivel conductual como neuronal”
Morikawa recuerda que los efectos negativos del aislamiento social durante la adolescencia han sido bien documentados, conociéndose características como la ansiedad, agresividad, rigidez cognitiva o aprendizaje espacial. Pero lo que no estaba clarificado hasta ahora era el efecto de dicho aislamiento sobre el comportamiento y sobre la actividad cerebral que tienen que ver con las adicciones.
Por otra parte, Leslie Whitaker, ex-estudiante de doctorado del laboratorio de Morikawa e investigador en el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas también da su punto de vista:
“Los animales aislados tienen un perfil más agresivo. Están más ansiosos. Póngalos en un campo abierto y se congelan más. También sabemos que las áreas del cerebro que están más implicadas en la memoria consciente se verán afectadas. Pero el tipo de memoria implicada en la adicción no es la memoria consciente. Es una preferencia inconsciente por el lugar en el que consiguió el premio. Siguen volviendo a ella sin siquiera saber por qué. Ese tipo de memoria se ve reforzada por el aislamiento”
Durante el estudio, las ratas fueron separadas de sus compañeras durante un mes cuando tenían una edad de 21 días (lo que vendría a ser la adolescencia en los seres humanos). Posteriormente, ensayaron la respuesta de las ratas frente a diferentes niveles de exposición a la anfetamina y el alcohol.
Para sorpresa de los investigadores, las ratas aisladas eran mucho más propensas a buscar las anfetaminas y el alcohol en comparación con el grupo control. Casi todas las ratas aisladas mostraron una gran preferencia por las drogas después de una sola exposición, en comparación a las ratas no aisladas, que se convirtieron en adictas tras varias exposiciones repetidas.
Y no solo eso, sino que además, las ratas aisladas socialmente son mucho más complicadas de tratar, y tardan más en desengancharse de su adicción a las anfetaminas que las ratas no aisladas.
Según los investigadores, estos resultados podrían ser extrapolables a los seres humanos, sumando un factor más a las consecuencias del aislamiento social que ya se conocían anteriormente. Un mal factor, todo sea dicho.

 Fuente: medciencia.com

sábado, 5 de abril de 2014

En esta vida hay que estar alegre todo el tiempo

Ésta es otra creencia que está relacionada con lo que acabamos de hablar y que aprovechamos para matizar lo antes escrito. Vivimos en la era del hedonismo. Esto quiere decir que nuestra sociedad pretende alcanzar el placer todo el tiempo y no sentir la más mínima frustración, la más mínima incomodidad, la más mínima espera... El riesgo de esta creencia implícita, que todos tenemos, porque formamos parte de esta sociedad, es que cuando aparece una pequeña frustración en nuestra vida, tipo "no me gusta la música que ponen en los locales de marcha a los que voy" o "no consigo ligar" o "me aburre el plan"... no lo aceptamos como algo normal, que tiene que formar parte de nuestra vida y nos exigimos sentir la diversión o la alegría que no obtenemos por nuestros propios medios. No tenemos que ser felices todo el tiempo, es utópico, como tampoco tenemos que pasárnoslo bien todos los fines de semana que salimos, ni aguantar hasta las seis u ocho de la mañana, incluso es perfectamente normal que a alguien no le guste salir de marcha. Así que nuestra sugerencia es que sean fieles a lo que realmente sientan y no busquen  al consumo para cumplir estos dictados que nos impone nuestra sociedad, sometida a la búsqueda constante del placer. 

jueves, 6 de febrero de 2014

Los Adolescentes: El alcohol y otras drogas.





Los adolescentes pueden estar comprometidos en varias formas con el alcohol y las drogas legales e ilegales. Es común experimentar con el alcohol y las drogas durante la adolescencia. Desgraciadamente, con frecuencia los adolescentes no ven la relación entre sus acciones en el presente y las consecuencias del mañana.  Ellos sienten la tendencia a sentirse indestructibles  e inmunes hacia los problemas que otros experimentan.
El uso de alcohol o de tabaco a una temprana edad aumenta el riesgo del uso de drogas más tarde. Algunos adolescentes experimentan un poco y dejan de usarlas o continúan usándolas ocasionalmente sin tener problemas significativos. Otros desarrollaran  una dependencia, usaran luego drogas más peligrosas y se causaran daños significativos a ellos mismos y posiblemente a otros.

La adolescencia es la época de probar cosas nuevas. Los adolescentes usan el alcohol y las otras drogas por varias razones, incluyendo la curiosidad, para sentirse bien, para reducir el estrés, para sentirse personas adultas o para pertenecer a un grupo.
Es difícil poder determinar cuáles de los adolescentes van a experimentar y parar ahí, y cuáles van a desarrollar problemas serios. Los adolescentes que corren riesgos de desarrollar problemas serios con las sustancias psicoactivas incluyen aquellos que:
·         Con un historial familiar de abusos de sustancias
·         Que están deprimidos
·         Que sienten poco amor propio o baja autoestima
·         Que sienten que no pertenecen o que están fuera de la corriente

Los adolescentes abusan de una serie de variedad de drogas, tanto legales como ilegales. Las drogas legales disponibles las bebidas  alcohólicas, las medicinas por receta médica, los inhalantes (pegamentos, aerosoles y solventes) y medicinas de venta libre para la tos, la gripe, el insomnio y para adelgazar.  Las drogas ilegales de mayor uso son la marihuana, los estimulantes (cocaína, crack, etc.) LSD, los derivados del opio, y las drogas diseñadas (éxtasis).
A partir de los 12 años, y en algunos casos antes, el uso del alcohol y la marihuana se ha convertido en un hecho preocupante.
El uso de drogas y alcohol está asociado con una variedad de consecuencias negativas, que incluyen el aumento del uso de estas sustancias más tarde en la vida, el frcaso escolar, el ml juicio que puede poner a los adolescentes en riesgos de accidentes, violencia, relaciones sexuales no planificadas y arriesgadas y el suicidio.



               Las señales principales del uso de alcohol y drogas pueden incluir  

·         Físicas: fatigas, problemas al dormir, quejas acerca de su salud, ojos enrojecidos y sin brillo, y una tos persistente.
·         Emocionales: cambios en la personalidad, cambios rapidos de humor, irritabilidad comportamiento irresponsable, poco amor propio o autoestima, carencia de juicio, depresión, retraimiento y una falta general de interés.
·         De familia: el comenzar argumentos, desconocer las reglas, el retraerse y dejar de comunicarse con la familia.
·         En la escuela: interés decreciente, actitud negativa, calificaciones bajas, ausencias frecuentes, faltas al deber y problemas de disciplina.
·         Problemas sociales: amigos o pares envueltos con drogas y alcohol, problemas con la ley y el cambio dramático en la manera de vestir.

Algunas de estas señales de aviso pueden ser señales indicativas de otros problemas emocionales. Cuando los padres se preocupan deben tomar el primer paso y consultar con el médico de la familia. Si se sospecha del uso/abuso de drogas o alcohol al adolescente se le debe hacer una evaluación comprensiva por un grupo interdisciplinario.
Los padres pueden ayudar a sus hijos proveyéndoles la educación a temprana edad acerca de las drogas y el alcohol, estableciendo comunicación, siendo ejemplo modelo positivo y reconociendo y tratando desde el comienzo los problemas que surjan.

                                                               Fuente: www.aacap.org







miércoles, 11 de septiembre de 2013

Un cuadro que tiene nombre: "oniomanía"

Impulso poderoso. Se la considera una adicción invisible, pero con síntomas característicos de cualquier otra, como la falta de autocontrol y la experimentación de culpa posterior.




Se denomina “oniomanía” a un trastorno psicológico, una adicción que consiste en un impulso poderoso para comprar.
Si bien la sociedad juzga –y, a veces, critica– a quienes tienen algunos tipos de adicción, tales como los jugadores, los consumidores de drogas o los alcohólicos, existen otras variantes que son prácticamente invisibles y que no son equiparadas con enfermedad. Esa es la situación de los compradores compulsivos.
No obstante, el oniomaníaco presenta todos los síntomas característicos de cualquier otra adicción: falta de autocontrol, vivencia de vacío existencial e intolerancia a ello, baja autoestima, ansiedades o depresión.
Se trata de un comportamiento repentino, impulsivo, que no presenta ningún tipo de previsión ni de prevención.

Circuito compulsivo
Cuando una persona atraviesa un punto de angustia, ir de compras puede ser un escape agradable. Es imperioso sentirse mejor y, en lo posible, sentirse bien, entonces, ¿qué mejor salida que ir de shopping? En ese primer momento, reinan la satisfacción, el placer; la persona se sumerge en un mundo de irrealidad en el cual no cuenta el dinero ni el esfuerzo que demanda ganarlo, sino sólo el placer que se obtiene al comprar. Es el reino de las emociones y la racionalidad queda desactivada, dormida.
Luego, la expresión de desagrado de algún familiar ante ese acto, o el volver a casa y sentir que todo sigue igual, provoca el arrepentimiento y la depresión por la compra, al punto que muchas veces se rechaza usar lo adquirido, que, por supuesto, no era necesario o se tenía en exceso.
En un tercer momento, surge la pregunta: “¿qué hacer?”. Si se está deprimida/o, por supuesto, salir de compras y así se construye un circulo vicioso donde el adicto queda atrapado y, al no tener conciencia de esta enfermedad, es poco frecuente que consulte, pues lo vive como “una oportunidad de liquidación, de fin de temporada, de Navidad y Año Nuevo”. 
Pero lo cierto es que la persona que padece este trastorno compra todo el año.

Tarjeta de crédito
Combinación potente y desafortunada la de la oniomanía y la tarjeta de crédito, pues tener a disposición una o más acentúa la falta de realismo en la administración del dinero y el desmanejo económico, a punto tal que quienes presentan este comportamiento pueden llegar a contraer deudas muy altas, sin pensar que luego hay que saldarlas.
Adicción más adicción, adquirir más tarjetas puede llevar al adicto a sacrificar sus necesidades y compromisos contraídos, empobrecer a la familia y perder el control de los actos.

¿El género influye?
Las estadísticas dicen que entre 60 y 80 por ciento de los adictos a las compras son mujeres.
El inicio de estos comportamientos es variable: puede ser en la adolescencia, aunque cada vez se ve más en niños y púberes.
En las mujeres, predomina el consumo de artículos que tienen que ver con la imagen y la belleza. En los hombres, están relacionadas con objetos informáticos, equipos de música, accesorios de autos; pero, por lo general, los objetos son para los tiempos libres, de ocio.

Prevención
-Preparar una lista y no moverse de ella. Es decir, planificar. 
-Evitar comprar en momentos particularmente complicados emocionalmente.
-No prestar atención a la publicidad.
-Limitarse a buscar exactamente lo que se necesita y retirarse del local.
-Evitar comprar con tarjetas de crédito.
Conclusión
¿Cómo darnos cuenta de si somos oniomaníacos? 
Si la compra despierta felicidad, alegría y se gasta, dentro de lo posible, sin alterar ningún presupuesto personal ni familiar, tal vez se trate de una persona que cada tanto consume, pero que no es adicta, pues este padecimiento impide que quien lo sufre disfrute; por el contrario, le desagrada haber comprado, le causa problemas familiares y siente culpa y arrepentimiento.

Por Adriana Guraleb* 
 *Psicoanalista y escritora. 

jueves, 23 de mayo de 2013

El entorno del sujeto

El tema del entorno es crítico.Amigos,compañeros,conocidos,todos los tienen buenos o no tan buenos,desde la mirada de los padres.Los amigos reales son incondicionales: bancan,contienen,apoyan.Los compañeros están en el colegio o en el trabajo y los conocidos están en todos lados.
Pero hay algo más...En el día a día o en las prolongadas noches,aparece la MALA JUNTA.

La mala junta está integrada por aquellos a los que familiares y amigos culpan ante situaciones problemáticas por las que puede atravesar el adolescente..
Veamos:quién atrae a quién?Se atraen mutuamente porque un joven triste o vacío,con una soledad extrema,se acerca a aquellos con los que se identifica. SÏ!jóvenes tristes,vacíos o solos buscan a otros que puedan hacerles pasar un "buen momento",aunque sea ofreciéndoles una sustancia que a ellos les hizo olvidar,por un rato,todo aquello que les hacía daño.
La MALA JUNTA existe sólo si el joven está mal parado en la vida:si nunca nadie le puso límites;si nunca fue tenido en cuenta por su familia;si sus amigos , conocidos,compañeros o familiares,lo destrataron permanentemente;si sus padres o hermanos son adictos,o si,tristemente,era el elegido para ser golpeado.
Ahora ,si el joven tiene bien en claro los valores inculcados por su familia,sabrá decir NO con firmeza.Porque la confianza en sí mismo le permite elegir,sin estridencias y con seguridad.

Lic.Claudia Belda