Una botella de agua común y corriente le sugiere un viaje a la playa y de allí pasa a las costas de San Francisco, ciudad en la que vive, donde hace unos meses encallaron unas ballenas sin que nadie supiera por qué. Pero eso no detiene al comediante que rápido escenifica para los periodistas invitados por el estudio de cine a esta ciudad, un diálogo entre los mamíferos hablado en perfecto idioma balleno. Y mientras su público empieza a reírse, él ya pasa a otro tema. Uno mucho más personal.
"Ahora puedo hablar de mi alcoholismo porque estoy del otro lado. El año pasado esta entrevista hubiera sido muy distinta", explica serio, pero apenas por un segundo, porque para ejemplificar lo dicho se imita a sí mismo bajo los efectos de las drogas y el alcohol, adicciones con las que el actor batalla desde el principio de su carrera y que en 2006 lo devolvieron a un centro de rehabilitación.
"El programa empieza cuando salís de la clínica. Si tu fiesta de cumpleaños la organiza una marca de vodka entonces lo más factible es que no estés muy comprometido con tu rehabilitación", dice Williams, haciendo referencia al fallido festejo de cumpleaños de Lindsay Lohan, y continúa: "Tenés que tener claro que la rehabilitación es como un entrenamiento militar, en el que quitás todas las fiestas del medio y te sentás con otra gente que está pasando por lo mismo que vos. Los escuchás hablar de lo que perdieron, de cárceles y de experiencias cercanas a la muerte y cómo aun así siguieron tomando y te das cuenta de que no estás solo", recita Williams como si fuera el mejor alumno de la escuela de la vida sana de las estrellas. Pero claro, más allá del cuidado que merece este tema, para él, todos los territorios son de libre comercio de bromas.
"Alguna gente puede tomar y otra no. Así como hay personas que pueden comer azúcar y otras no. Ser adicto es como ser diabético; claro que no se ve a mucha gente parada afuera de las panaderías diciendo: «Dame un dólar para comprar una medialuna y luego volvámonos locos»", se burla este hombre que después de recibir tres nominaciones al Oscar finalmente se lo llevó por su personaje del film En busca del destino. Allí, el comediante dejaba lugar al actor y se ponía en la piel de un deprimido psicólogo que funcionaba como figura paterna del perturbado Will Hunting, que interpretaba Matt Damon. Ese, el de padre, es un papel que Williams conoce a la perfección. Tiene tres hijos y, para su sorpresa, dos de ellos recientemente decidieron dedicarse a la actuación.


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